Uno de los inventos de esta década que pronto nos abandonará que más me han gustado ha sido sin duda las redes sociales, concretamente las profesionales. Esas páginas donde podemos colgar nuestro perfil profesional, mantener una lista de contactos con los que tenemos alguna relación profesional y/o personal y , por último pero no menos importante, participar en grupos de debate y foros de discusión sobre los temas que nos interesan, aportando cada uno lo que buenamente sabe y puede.
Desde hace algún tiempo, en Europa el sector está copado por dos grandes redes, LinkedIn y Xing. Aún siendo la primera la líder indiscutible a nivel mundial, en Europa y concretamente en Alemania, la segunda goza de mayor popularidad, pues en mi opinión, la empresa de Hamburgo ha sabido adaptarse mejor a los gustos de su mercado doméstico, sobre todo en lo que se refiere a seguridad y privacidad, unos aspectos muy a tener en cuenta en el mercado alemán, y si no que se lo digan a Google y su StreetView.
Reconozco que no soy imparcial a la hora de hablar de Xing. Me cautivó desde la primera vez que creé mi perfil allí. Diseño limpio y ordenado, sin publicidad invasiva y un grado de confidencialidad que se aprecia en los pequeños detalles; por ejemplo, las conexiones, a diferencia de LinkedIn, están cifradas mediante protocolo SSL. Esto se puede ver al conectarnos, pues en vez del http:// habitual, el navegador nos muestra un https:// como si estuviéramos accediendo a nuestro banco. Para mi gusto sería perfecto si además cifrase toda la URL, pero reconozco que quizá soy demasiado fanático de la privacidad.
El calendario personalizado de eventos, la integración con el escritorio y la posibilidad de exportar los contactos en formato vCard para almacenarlos -por ejemplo- en el móvil, el poder ordenarlos mediante etiquetas, etc. facilitan enormemente la gestión. Por eso, mantengo desde hace años una cuenta premium en Xing. De otras redes soy usuario, pero de Xing soy, además, cliente.
Sin embargo, por muy bello y funcional que sea un teléfono de nada nos sirve si no tenemos a otros a los que llamar. Por el mismo motivo, el éxito de una red social depende en gran medida de que nuestros contactos, las personas con las que que queremos seguir vinculadas, también se encuentren presentes en dicha red. De nada nos sirve estar en una red social donde poco o nada sucede, no encontramos a los que nos interesan y apenas hay grupos interesantes.
El campo en el que se mueven las redes sociales es muy dependiente de las externalidades de red, es decir, el volumen de usuarios que conforman la red, esa masa crítica que contribuye a aumentar o en su defecto disminuir el valor que ofrece la propia red de cara al público. Es un sector que tiende a la concentración, donde unas plataformas terminan fagocitando a otras como ya se ha visto con las redes sociales generalistas, donde a nivel mundial FaceBook ha terminado imponiéndose al resto y es precisamente este poderío el que la hace crecer aún más en número de usuarios. Convirtiéndose en un círculo virtuoso para ella, vicioso para el resto.
En un escenario como este, se está imponiendo una tendencia hacia la interacción entre redes sociales que, compartiendo recursos y ofreciendo conectividad entre ellas, conforma lo que se denomina Web Social: Cuando conecto mi cuenta de Twitter con FaceBook y LinkedIn, por ejemplo, ya no se tratan de redes separadas, sino que conforman una red global formada por distintas subredes sociales que se benefician de esas sinergias. Se pueden manejar distintos perfiles interconectados con el mínimo esfuerzo.
No obstante, la interconexión abre la puerta a los problemas de seguridad. En el momento que un proveedor ofrece una vía para que terceros accedan -aunque sea con nuestro consentimiento- a nuestros datos de perfil, lo que ocurra con esa información escapa al control de la plataforma. Recientes casos de robos de información personal en cuentas de Facebook por parte de aplicaciones de terceros son un ejemplo.
En este tema de la interacción, es donde la red Xing mantiene una estrategia completamente diferente: apenas ofrece interconexión con terceros, la lista de aplicaciones que ofrece a los usuarios es bastante pobre y acciones en principio tan inocuas como publicar los tweets en tu perfil no están soportadas. En definitiva, Xing es un ecosistema profesional y eficiente pero cerrado y poco integrado con el resto de la red social. Sacrifica interconexión con otras redes sociales en favor de una mayor protección de la privacidad de sus usuarios. Pero que sobreviva en un mundo virtual donde con el tiempo sólo puede quedar uno, está por ver. De momento Xing sigue siendo mi red preferida,aunque LinkedIn, -donde tengo aproximadamente el doble de contactos-, es la más útil.
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