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vivir en Alemania http://www.wikio.es
  • 19dic

    El tiempo vuela y ya tenemos aquí de nuevo la Navidad. Como  otras veces, este blog cierra temporalmente para reponer fuerzas y volver el año que viene con nuevas energías.

    Haciendo un poco balance del 2010, es muy gratificante ver cómo las visitas a Olemania se incrementan poco a poco, a la vez que se consolida una pequeña comunidad de lectores recurrentes que se dejan caer por estas páginas asiduamente. Desde hace poco más de un mes, tenemos una página en Facebook desde dónde seguir las publicaciones, para aquellos que les gusta tenerlo todo en su perfil de FB. Un saludo muy especial a los que aparecéis a la izquierda de este post.

    Igual que el año pasado, vuestros comentarios pueden tardar algo más de lo habitual en aparecer, pero no os quepa duda que en el primer hueco que tenga los publicaré.

    Como postal este año he elegido la foto de un angelito hecho en nieve, con unos retoques de Gimp. Espero que os guste.

    Felices fiestas y gracias por leer Olemania!

  • 14dic

    Uno de los inventos de esta década que pronto nos abandonará que más me han gustado ha sido sin duda las redes sociales, concretamente las profesionales. Esas páginas donde podemos colgar nuestro perfil profesional, mantener una lista de contactos con los que tenemos alguna relación profesional y/o personal y , por último pero no menos importante, participar en grupos de debate y foros de discusión sobre los temas que nos interesan, aportando cada uno lo que buenamente sabe y puede.

    Desde hace algún tiempo, en Europa el sector está copado por dos grandes redes, LinkedIn y Xing. Aún siendo la primera la líder indiscutible a nivel mundial, en Europa y concretamente en Alemania, la segunda goza de mayor popularidad, pues en mi opinión, la empresa de Hamburgo ha sabido adaptarse mejor a los gustos de su mercado doméstico, sobre todo en lo que se refiere a seguridad y privacidad, unos aspectos muy a tener en cuenta en el mercado alemán, y si no que se lo digan a Google y su StreetView.

    Reconozco que no soy imparcial a la hora de hablar de Xing. Me cautivó desde la primera vez que creé mi perfil allí. Diseño limpio y ordenado, sin publicidad invasiva y un grado de confidencialidad que se aprecia en los pequeños detalles; por ejemplo, las conexiones, a diferencia de LinkedIn, están cifradas mediante protocolo SSL. Esto se puede ver al conectarnos, pues en vez del http:// habitual, el navegador nos muestra un https:// como si estuviéramos accediendo a nuestro  banco. Para mi gusto sería perfecto si además cifrase toda la URL, pero reconozco que quizá soy demasiado fanático de la privacidad.

    El calendario personalizado de eventos, la integración con el escritorio y la posibilidad de exportar los contactos en formato vCard para almacenarlos -por ejemplo- en el móvil, el poder ordenarlos mediante etiquetas, etc. facilitan enormemente la gestión. Por eso, mantengo desde hace años una cuenta premium en Xing. De otras redes soy usuario, pero de Xing soy, además, cliente.

    Sin embargo, por muy bello y funcional que sea un teléfono de nada nos sirve si no tenemos a otros a los que llamar. Por el mismo motivo, el éxito de una red social depende en gran medida de que nuestros contactos, las personas con las que que queremos seguir vinculadas, también se encuentren presentes en dicha red. De nada nos sirve estar en una red social donde poco o nada sucede, no encontramos a los que nos interesan y apenas hay grupos interesantes.

    El campo en el que se mueven las redes sociales es muy dependiente de las externalidades de red, es decir, el volumen de usuarios que conforman la red, esa masa crítica que contribuye a aumentar o en su defecto disminuir el valor que ofrece la propia red de cara al público. Es un sector que tiende a la concentración, donde unas plataformas terminan fagocitando a otras como ya se ha visto con las redes sociales generalistas, donde a nivel mundial FaceBook ha terminado imponiéndose al resto y es precisamente este poderío el que la hace crecer aún más en número de usuarios. Convirtiéndose en un círculo virtuoso para ella, vicioso para el resto.

    En un escenario como este, se está imponiendo una tendencia hacia la interacción entre redes sociales que, compartiendo recursos y ofreciendo conectividad entre ellas, conforma lo que se denomina Web Social: Cuando conecto mi cuenta de Twitter con FaceBook y LinkedIn, por ejemplo, ya no se tratan de redes separadas, sino que conforman una red global formada por distintas subredes sociales que se benefician de esas sinergias. Se pueden manejar distintos perfiles interconectados con el mínimo esfuerzo.

    No obstante, la interconexión abre la puerta a los problemas de seguridad. En el momento que un proveedor ofrece una vía para que terceros accedan -aunque sea con nuestro consentimiento- a nuestros datos de perfil, lo que ocurra con esa información escapa al control de la plataforma. Recientes casos de robos de información personal en cuentas de Facebook por parte de aplicaciones de terceros son un ejemplo.

    En este tema de la interacción, es donde la red Xing mantiene una estrategia completamente diferente: apenas ofrece interconexión con terceros, la lista de aplicaciones que ofrece a los usuarios es bastante pobre y acciones en principio tan inocuas como  publicar los tweets en tu perfil no están soportadas. En definitiva, Xing es un ecosistema profesional y eficiente pero cerrado y poco integrado con el resto de la red social. Sacrifica interconexión con otras redes sociales en favor de una mayor protección de la privacidad de sus usuarios. Pero que sobreviva en un mundo virtual donde con el tiempo sólo puede quedar uno, está por ver. De momento Xing sigue siendo mi red preferida,aunque LinkedIn, -donde tengo aproximadamente el doble de contactos-, es la más útil.

  • 05dic

    Una de mis estaciones de esquí favoritas es Brauneck, básicamente porque la tengo al lado de casa. No ofrece tanto kilómetros de pista como las enormes estaciones austriacas de Sankt Johann o Söll, pero la cercanía la hace adecuada para una escapada de medio día.

    Pues resulta que ayer sábado me dio por pasar el día por allí, aprovechando que se abría la temporada y a pesar del frío -unos 8 grados bajo cero- que ya se anunciaba. Eso sin duda desanimó a mucha gente,pues la estación no presentaba el lleno habitual, haciendo más agradable la estancia a los que fuimos al no tener que hacer colas interminables para acceder a los remontes.

    La estación solo tiene un pequeño problema: apenas hay rutas alternativas para descender desde la parte alta al valle. Una vez arriba, sólo una pista roja (de mediana dificultad) conduce de nuevo abajo. Esto no suele ser problema pues las pistas raramente se cortan al tráfico, salvo en días como el de ayer, que sucedió algo imprevisto.

    Y el imprevisto fue que un esquiador sufrió un accidente en mitad de dicha pista; nada muy serio pues el individuo estuvo en todo momento consciente, hasta donde yo alcanzaba a ver, desde lo alto de un telesilla; pero lo suficiente como para que un helicóptero sanitario del ADAC -los ángeles amarillos, les llaman, un mote muy merecido- hiciera su aparición en mitad de la estación. Se me venían a la cabeza los manuales de socorro de montaña que leía en mis años mozos de Sierra Nevada, viendo al socorrista desde tierra estirar los brazos hasta hacer una “Y” perfecta para señalar al helicóptero dónde poder aterrizar.

    La cuestión es que con precisión matemática, el piloto plantó su aparato en mitad de la pista que previamente había sido acordonada por el personal de la estación, para evitar accidentes, ya que el herido yacía en ese momento en una camilla en mitad de la nieve. Tras lo cual, descendieron médico y sanitarios y empezaron a procurar los primeros auxilios.

    Yo, que lo observaba desde una zona superior, me contaba entre los que aquella aventura nos había pillado en la mitad superior de la pista, y por tanto, el cordón sanitario y el helicóptero en mitad de la pista nos impedía volver al valle. Ya he comentado arriba que hacía algo de frío, por lo que -como muchos- una vez pasado el interés inicial y a vista de que aquello iba a durar para largo, me dispuse a buscar vías alternativas para llegar al valle.

    Y el problema es que no las había. Al final, tocó bajar con esquíes campo a través, atravesando bosques de abetos y matorrales, de los que si se te enganchan en las botas te vas al suelo fijo. Algunos de mis compañeros de infortunio no estaban acostumbrados a esquiar fuera de pista, y hacerlo por primera vez por pura obligación no era lo más adecuado. Más de uno estuvo a punto de ganarse un lugar en la camilla de helicóptero por méritos propios y algunos no dejaban de lanzar improperios al aire, lo que yo aprovechaba para -sin dejar de procurar no caerme- enriquecer mi conocimiento del idioma alemán. Al final, pudimos enlazar con la pista de descenso, dejando atrás el tramo cortado por el helicóptero. Desde allí hasta el valle, un camino de rosas.

    Aquí dejo un par de fotos donde se puede ver el sarao que se montó. Del descenso salvaje no tengo fotos, pues tenía otras cosas en la cabeza antes que sacar la cámara, pero valga como muestra el señor de azul que se ve en la primera foto, para hacerse una idea de cómo fue el tramo de marras.

   

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