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vivir en Alemania http://www.wikio.es
  • 28abr

    Hace poco estuve en Praga y me llamó la atención este cartel a la entrada del museo del comunismo. La imagen no puede ser más explícita: una babushka rusa con colmillos de Drácula. Y es que no hay nadie más autorizado para opinar del comunismo que aquellos que lo han sufrido en carne propia.

    Esta imagen vale más que mil palabras…

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  • 19abr

    Lunes por la mañana. Aún queda media hora para que el despertador me saque de la cama y ninguna prisa que tengo. De pronto, suena el teléfono; mi mujer da la voz de alarma: el camión de la basura ya está en la puerta. Ella entra antes a trabajar y los vio al salir. ¡Pánico! Se nos ha olvidado, y no es la primera vez, sacar el cubo de basura inorgánica -ese de color negro, no el verde ni el azul- a la calle.

    Salto de la cama como un leopardo, me pongo lo primero que tengo a mano – en este caso, unos vaqueros y la camiseta del pijama- y bajando los escalones de 2 en 2 llego a la puerta principal. Ya se oye el ruido del camión volcando los cubos de los vecinos. Voy a abrir y… la puerta está cerrada con llave. Rápidamente busco las llaves de la casa en el armarito de la entrada; esta no, esta no…¡esta sí! Abro la puerta como un rayo, tomo el cubo de basura inorgánica – el negro, no el verde ni el azul, como ya dije- y los desplazo diez metros -sí, diez, ni uno más- desde la puerta de casa hasta donde se detiene el camión de la basura. Diez metros que me parecen diez kilómetros. Diez metros que son la diferencia entre que te vacíen el cubo y esperar una semana -sí, una semana- a que vuelven a pasar por mi puerta. ¡Que no llego, que no llego! Al fin, con el cubo en ristre alcanzo a los operarios cuando ya se disponían a marcharse. Apenas abro la boca para excusarme por olvidar sacar el cubo la noche anterior, pero no me sale el aire. No hace falta, mecánicamente me lo quitan de las manos y lo vuelcan en el contenedor, se suben y se alejan. 1 minuto más tarde y no lo habría logrado, pero esta vez: misión cumplida. Con el susto aún en el cuerpo me voy a desayunar. Tostadas y una tila.

    Y es que, el sistema de recogida de basuras en Alemania es muy particular. Para empezar y a diferencia de España donde tenemos contenedores en las calles todo el santo día y uno puede bajar -más o menos- cuando le da la gana a deshacerse de sus desechos, aquí cada vecino -o comunidad de vecinos- es responsable de almacenar sus basuras a salvo de la vista de los demás hasta el momento de la recogida, que suele ser una vez a la semana en verano, o cada dos semanas, en invierno. Ese día -normalmente la noche antes- cada vecino -o el portero, en el caso de un bloque de viviendas- es responsable de sacar su cubo a la calle hasta el punto de recogida. En mi caso a diez metros de la puerta de casa, pero como si fuesen trescientos; si no los acerco allí, el camión pasa de largo. Y si pasa de largo, pues te quedas con tu basura en casa otra semanita, y como lógicamente basura se produce todos los días y la capacidad del cubo no es ilimitada, lo más probable es que al poco tiempo ya no tengas sitio en tu cubo para nada más, y eso es otro problema: cada vecino paga una cantidad en concepto de recogida de basuras en función del tamaño del cubo que tiene arrendado. Es decir, aquellas familias que generan más basuras han de contratar un cubo de mayor capacidad y por supuesto pagan más por el servicio que otras que generen menos desperdicios y por tanto hayan contratado un cubo de menos litros. ¿Esto qué quiere decir? Pues que como uno paga exclusivamente en función del tamaño del cubo, los basureros SÓLO se hacen cargo de lo que está dentro. Si dejamos bolsitas de basura primorosamente cerradas al lado, vaciarán éste y dejaran las bolsitas donde estaban. Resumiendo: lo que no esté dentro del cubo para ellos no existe.

    Pero aún hay más: aquí es obligatorio reciclar las basuras desde el primer momento. Hay tres cubos distinto para tres grupos de desechos: el verde, para basura orgánica -ay, esa es la peor si has de retenerla una semana más- negro, para inorgánica y azul para papel y cartón. Además, se reparten grandes sacos de plástico de color amarillo que hacen las veces de cubo de basura, para reciclar envases y botellas de plástico. Con lo cual, la historia -y a veces el sinvivir- del cubo se repite por partida cuádruple.

    Por si todo esto fuera poco, para los desechos que no encajan en los supuestos, existen centros de reciclaje dedicados especialmente a recoger aparatos eléctricos, piezas de madera, corcho blanco, ropa usada, envases de vidrio -debidamente clasificados en vidrio blanco, verde o marrón- a los que uno puede -y debe- dirigirse para dar salida a la basura que se acumula con los años. Eso sí, sólo abren un determinado número de horas al día durante la semana y los sábados hasta las 12, con lo que se puede uno imaginar la de gente que hay un sábado. Algo así como durante el salto de la valla del Rocío o el metro de Tokio en hora punta, para hacerse una idea.

    En definitiva, el sistema tiene una gran ventaja: las calles están limpias y las basuras no están “expuestas” en la vía pública noche y día. Cada cual es responsable de sus desperdicios hasta la hora de la entrega. Además, separando los desechos desde el primer eslabón de la cadena se logra ser muy eficiente a la hora de reciclar. Sin embargo, hay que ser muy disciplinado y saber adaptar tu modo de vida a este sistema, que como tantas otras cosas, nadie te explica cuando llegas al país. El día de recogida de tal o cual basura es un tipo de cita más a anotar en la agenda, como las visitas al médico o la peluquería. De lo contrario, cualquier día al oir el camión de la basura, te toca pegar el salto de la cama y vivir personalmente este post…

    Foto: Flickr
  • 16abr

    Primavera

  • 14abr

    Impresionante la panorámica de la ciudad alemana de Marburg.
    Según cuenta la página, se ha tardado 8 meses en hacerla, a partir de 5.000 fotos de 12,3 Megapíxel cada una, y un total de 53,8 GB de imágenes en formato RAW (que a los que nos gusta la fotografía sabemos cuánto ocupan).

    La foto (o mejor decir las fotos) está tomada desde un mirador cercano a la ciudad y merece la pena hacer zoom sobre cualquier parte de la foto para ver hasta dónde llega la resolución.

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  • 12abr

    La semana pasada se confirmó lo que ya venía siendo un secreto a voces y que -según los expertos- el mercado había descontado hace tiempo: Portugal solicitaba ayuda a la Unión Europea para poder seguir financiándose a través del fondo de rescate europeo, como consecuencia de los niveles de interés insostenibles que venía pagando por su deuda soberana en las últimas semanas. Es decir, la UE tenía que rescatar a Portugal.

    Recuerdo la escueta noticia que oí en la radio: se presentó la cuestión del rescate como si básicamente el dinero del fondo de rescate saliese sólo y exclusivamente del bolsillo de los contribuyentes alemanes, generando -intencionadamente o no- un rechazo popular a lo que se considera pagar con dinero propio los excesos ajenos.

    El ciudadano de a pie, ni en Alemania ni en ningún otro sitio, no tiene un máster en economía, y por tanto, es difícil de valorar cuáles serían las consecuencias para los europeos de una eventual ruptura del euro. No estaría de más hacer un poco de pedagogía al respecto y explicar, por ejemplo, las ventajas que suponen para una potencia exportadora como Alemania, el poder acceder a un mercado potencial de quinientos millones de personas sin sufrir aranceles, por poner un ejemplo. Que los alemanes no están entusiasmados con el euro es evidente para los que vivimos aquí. Muchos añoran el marco, la moneda que identifican con el milagro alemán de la posguerra, y soportan el euro con cierta resignación. Un mal síntoma, el que al motor de Europa no le guste su propia gasolina.

    Por eso me ha parecido interesante el artículo que publicaba el diario Bild, según el cual, el 50% de los alemanes está a favor del rescate a Portugal. También refleja que el 20%  se siente “muy preocupado” por el futuro del euro, un 38% “preocupado”, un 32% “algo preocupado” y tan sólo un 11% que no se siente preocupado en absoluto.

    Lo que reflejan estos datos en mi opinión, es que poco a poco nos vamos dando cuenta que si el euro cae, todos tenemos mucho más que perder que que ganar. Y especialmente en Alemania, donde la crisis del 2008 ya es cosa del pasado y parece que la recuperación económica está definitivamente en marcha.

    foto: Flickr
  • 07abr

    ¿Quién dijo que las obras afean las ciudades? Paseando esta mañana me encuentro una valla protectora decorada con murales de colores, posiblemente pintado por niños -los adultos no tenemos tanta imaginación- . Simple, barato e imaginativo.

     

  • 06abr

    Hoy quiero destacar un post en un blog que sigo de forma más o menos regular y que por mi condición de padre de una niña española en Alemania, el tema me toca muy de cerca. Y seguro que a muchos de los que seguís Olemania también: el desarrollo del idioma en los hijos que crecen en fuera de España. La entrada en cuestión se titula “Criando niños bilingües“,  y en general estoy bastante de acuerdo con lo que dice, y puedo ampliar con mi experiencia tanto en primera persona como por lo que me ha ido llegando a través de amigos, conocidos e incluso compañeros de trabajo que están en situaciones parecidas.

    Tengo un hija de cuatro años (que nació en Alemania), y como mi mujer también es española, desde el principio lo tuvimos claro: en casa se habla español y alemán fuera. Ella creció oyendo sólo un idioma en casa, y aunque al principio le costó soltarse con el alemán, a partir del segundo año de guardería ya era capaz de hacer frases cortas. Aún me sorprende verla jugar en alemán con sus muñecas. A día de hoy, habla español como un niño de su edad y alemán casi. En un par de años más, probablemente este último sea el idioma dominante.

    Para los padres que vivimos fuera, especialmente para los recién aterrizados, el que nuestros hijos se desenvuelvan en el idioma que a nosotros tanto nos ha costado es una preocupación común. He hablado con muchas personas de diferentes nacionalidades sobre esto y como padres todos nos preguntamos cuándo el/ella empezará a decir algo en alemán…en fin, que queremos que hable el idioma local antes de poder siquiera andar. Pero el problema no es la lengua del lugar, sino la de origen; unos antes otros después terminan prendiendo el idioma en el que juegan y se relacionan con otros niños. Si embargo, el aprendizaje del idioma de su familia (o los idiomas, en casos de niños de padres de distinto origen)  es otro tema.

    En general, hay una gran diferencia a la hora de aprender un segundo idioma en casa dependiendo de  si ambos progenitores comparten idioma materno o no. Si no es el caso, o bien los padres son muy consecuentes y hablan al niño siempre en su lengua, o al final uno de los dos idiomas (normalmente el que use la pareja para comunicarse) acaba imponiéndose. En la práctica y por lo que he visto, que el niño aprenda los dos idiomas de la familia es una batalla perdida.

    Los niños de padres españoles terminan hablando español sin problemas, pero lo que es leer y escribir (sobre todo escribir  correctamente) es otro tema. Mucho depende de las horas que dediquen los padres a hacer dictados con los pequeños y la actitud de éstos ante lo que al principio sólo son más deberes. Como me decía hace tiempo un amigo maestro: el habla se adquiere, pero a leer y escribir se aprende en la escuela. Así que no os preocupéis por que hable, sino más bien porque aprenda las reglas de ortografía.

    Foto: wikipedia
  • 04abr

    castillo de Hohenfreyberg

    Aprovechando el buen tiempo, el fin de semana pasado me acerqué hasta el valle de Allgäu para ver las ruinas del castillo de Hohenfreyber. La construcción data de principios del siglo XV, y fue destruido en el siglo XVII para evitar que cayese en manos de los suecos durante la guerra de los treinta años.

    Aparte de la muralla exterior y algunas salas del patio de armas, no queda mucho en pie, pero el paseo y sobre todo las vistas merecen la pena.

    Vista de los Alpes

     

    Se puede acceder desde varios sitios. Yo lo hice desde el cercano pueblo de Zell. La subida dura aproximadamente una hora y media y el camino es excelente.

    De vuelta al valle se puede disfrutar de una cerveza en la Schlossbergalm.

    Más fotos aquí.

     

   

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