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vivir en Alemania http://www.wikio.es
  • 09may

    Arbol de mayoSi hay una tradición típica en Baviera, es la de los árboles de mayo, esos postes altísimos -normalmente pintados de azul y blanco- que adornan los pueblos de esa región. Se alzan el día primero de mayo -de ahí su nombre- y lo tradicional es hacerlo a mano, sin ayuda de ningún tipo de maquinaria. Ese día, todo el pueblo es una fiesta, con puestos de comida e incluso música en vivo.

    El pasado uno de mayo asistí al levantamiento de uno en el pueblo de Etterschlag, y de allí son esto vídeos. Recogen los momento finales del levantamiento, que suele durar más de una hora.

    El proceso es más peligroso de lo que parece, pues exige mucha coordinación. Como anécdota, ese mismo día en otro pueblo, el árbol cayó al suelo e hirió a un joven de la cuadrilla, que tuvo que se evacuado en helicóptero al hospital más cercano.

  • 16ene

    “No comemos, no trabajamos” este es el lema que miles de alemanes han hecho suyo iniciando un huelga general para pedir que se les aumente el racionamiento de carne unos gramos más al mes. El detonante de la revuelta ha sido la reducción de la ración de carne que muchos obreros reciben hasta dejarla en 25 gramos al mes.

    Esta noticia que parece ficticia, es real. Sucedió en junio de 1948, apenas tres años después del fin de la segunda guerra mundial. Estas Navidades el diario malagueño El Sur con motivo de la celebración de su 75 años, expuso en la calle algunas de sus portadas de la época. Al pasar delante de esta en concreto, y viendo la noticia a la que me refiero, no puede dejar de hacerle un foto y dedicarle un post.

    Hoy día y precisamente en estos momentos de crisis donde Alemania parece ser -por ahora- el único país europeo de peso con una economía fuerte, donde todos los demás miramos con cierta envidia, no deja de resultar chocante una noticia como esta, de hace menos de setenta años, que nos muestra cómo lo pasaron los hombres y mujeres de la posguerra.

    Yo personalmente prefiero hacer la lectura en postivo, y destacar a dónde puede llegar un país cuando se dedica a hacer bien las cosas, ahorrar y trabajar duro. La generación de los obreros a los que hace referencia el artículo seguramente no vivió la prosperidad alemana. Si acaso, algunos la llegaron a disfrutar poco antes del final de sus días. Pero la herencia que dejaron a los que vinieron detrás es la Alemania que ahora conocemos todos.

  • 15nov

    ¿Te gustaría saber dónde y cómo se pescó el pescado que ves en el supermercado? parece que un empresa alemana lo ha conseguido: con un número de serie, cada pez se puede identificar hasta saber dónde mordió el anzuelo.

    En época de crisis se agudiza el ingenio. Esto es lo que le ha ocurrido a followfish, una empresa alemana de conservas que ha desarrollado un sistema mediante el cual, los consumidores pueden saber dónde se pescó el producto, incluso antes de adquirirlo, si se dispone de un móvil con conexión a internet.

    La idea en sí no es complicada: cada producto está etiquetado con un número de serie que el consumidor puede consultar a través de internet en una base de datos, y saber de esa forma qué está comprando. Lógicamente a un precio premium -, pero ese es el precio de la seguridad -y el margen del comerciante.

    Esto que a primera vista puede parecer un capricho 2.0 tiene su interés. Imaginemos que se produce un vertido de crudo en determinado caladero. ¿Quién no estaría interesado en saber si lo que se lleva a casa procede de allí? De cualquier manera, es un ejemplo inteligente de cómo competir mediante diferenciación en un mercado donde el precio es determinante. Y sobre todo en los tiempos que corren.

  • 03sep

    Aquí en Múnich no tenemos playa, pero a veces no se nota. Y si no que se lo digan a los surferos de la zona. El río Isar, a su paso por el centro de la ciudad, ofrece posibilidades para cabalgar olas y sin ni siquiera tener que nadar hasta ellas. Todo al lado de casa. El surf en esta zona de Múnich se ha echo tan popular, que hasta viene en algunas guías de viaje como atracción local. No hay más que ver la cantidad de turistas que hay sacando fotos encima del puente.

     

  • 28ago

    Hoy 28 de agosto de 2011 se cumplen 262 años del que probablemente sea el alemán más universal: Johann Wolfgang von Goethe. En homenaje, los chicos de Google han decorado hoy su buscador con este logo, en el que aparece la imagen del creador de Fausto. Todo un detalle.

  • 28abr

    Hace poco estuve en Praga y me llamó la atención este cartel a la entrada del museo del comunismo. La imagen no puede ser más explícita: una babushka rusa con colmillos de Drácula. Y es que no hay nadie más autorizado para opinar del comunismo que aquellos que lo han sufrido en carne propia.

    Esta imagen vale más que mil palabras…

    240420111260.jpg

  • 19abr

    Lunes por la mañana. Aún queda media hora para que el despertador me saque de la cama y ninguna prisa que tengo. De pronto, suena el teléfono; mi mujer da la voz de alarma: el camión de la basura ya está en la puerta. Ella entra antes a trabajar y los vio al salir. ¡Pánico! Se nos ha olvidado, y no es la primera vez, sacar el cubo de basura inorgánica -ese de color negro, no el verde ni el azul- a la calle.

    Salto de la cama como un leopardo, me pongo lo primero que tengo a mano – en este caso, unos vaqueros y la camiseta del pijama- y bajando los escalones de 2 en 2 llego a la puerta principal. Ya se oye el ruido del camión volcando los cubos de los vecinos. Voy a abrir y… la puerta está cerrada con llave. Rápidamente busco las llaves de la casa en el armarito de la entrada; esta no, esta no…¡esta sí! Abro la puerta como un rayo, tomo el cubo de basura inorgánica – el negro, no el verde ni el azul, como ya dije- y los desplazo diez metros -sí, diez, ni uno más- desde la puerta de casa hasta donde se detiene el camión de la basura. Diez metros que me parecen diez kilómetros. Diez metros que son la diferencia entre que te vacíen el cubo y esperar una semana -sí, una semana- a que vuelven a pasar por mi puerta. ¡Que no llego, que no llego! Al fin, con el cubo en ristre alcanzo a los operarios cuando ya se disponían a marcharse. Apenas abro la boca para excusarme por olvidar sacar el cubo la noche anterior, pero no me sale el aire. No hace falta, mecánicamente me lo quitan de las manos y lo vuelcan en el contenedor, se suben y se alejan. 1 minuto más tarde y no lo habría logrado, pero esta vez: misión cumplida. Con el susto aún en el cuerpo me voy a desayunar. Tostadas y una tila.

    Y es que, el sistema de recogida de basuras en Alemania es muy particular. Para empezar y a diferencia de España donde tenemos contenedores en las calles todo el santo día y uno puede bajar -más o menos- cuando le da la gana a deshacerse de sus desechos, aquí cada vecino -o comunidad de vecinos- es responsable de almacenar sus basuras a salvo de la vista de los demás hasta el momento de la recogida, que suele ser una vez a la semana en verano, o cada dos semanas, en invierno. Ese día -normalmente la noche antes- cada vecino -o el portero, en el caso de un bloque de viviendas- es responsable de sacar su cubo a la calle hasta el punto de recogida. En mi caso a diez metros de la puerta de casa, pero como si fuesen trescientos; si no los acerco allí, el camión pasa de largo. Y si pasa de largo, pues te quedas con tu basura en casa otra semanita, y como lógicamente basura se produce todos los días y la capacidad del cubo no es ilimitada, lo más probable es que al poco tiempo ya no tengas sitio en tu cubo para nada más, y eso es otro problema: cada vecino paga una cantidad en concepto de recogida de basuras en función del tamaño del cubo que tiene arrendado. Es decir, aquellas familias que generan más basuras han de contratar un cubo de mayor capacidad y por supuesto pagan más por el servicio que otras que generen menos desperdicios y por tanto hayan contratado un cubo de menos litros. ¿Esto qué quiere decir? Pues que como uno paga exclusivamente en función del tamaño del cubo, los basureros SÓLO se hacen cargo de lo que está dentro. Si dejamos bolsitas de basura primorosamente cerradas al lado, vaciarán éste y dejaran las bolsitas donde estaban. Resumiendo: lo que no esté dentro del cubo para ellos no existe.

    Pero aún hay más: aquí es obligatorio reciclar las basuras desde el primer momento. Hay tres cubos distinto para tres grupos de desechos: el verde, para basura orgánica -ay, esa es la peor si has de retenerla una semana más- negro, para inorgánica y azul para papel y cartón. Además, se reparten grandes sacos de plástico de color amarillo que hacen las veces de cubo de basura, para reciclar envases y botellas de plástico. Con lo cual, la historia -y a veces el sinvivir- del cubo se repite por partida cuádruple.

    Por si todo esto fuera poco, para los desechos que no encajan en los supuestos, existen centros de reciclaje dedicados especialmente a recoger aparatos eléctricos, piezas de madera, corcho blanco, ropa usada, envases de vidrio -debidamente clasificados en vidrio blanco, verde o marrón- a los que uno puede -y debe- dirigirse para dar salida a la basura que se acumula con los años. Eso sí, sólo abren un determinado número de horas al día durante la semana y los sábados hasta las 12, con lo que se puede uno imaginar la de gente que hay un sábado. Algo así como durante el salto de la valla del Rocío o el metro de Tokio en hora punta, para hacerse una idea.

    En definitiva, el sistema tiene una gran ventaja: las calles están limpias y las basuras no están “expuestas” en la vía pública noche y día. Cada cual es responsable de sus desperdicios hasta la hora de la entrega. Además, separando los desechos desde el primer eslabón de la cadena se logra ser muy eficiente a la hora de reciclar. Sin embargo, hay que ser muy disciplinado y saber adaptar tu modo de vida a este sistema, que como tantas otras cosas, nadie te explica cuando llegas al país. El día de recogida de tal o cual basura es un tipo de cita más a anotar en la agenda, como las visitas al médico o la peluquería. De lo contrario, cualquier día al oir el camión de la basura, te toca pegar el salto de la cama y vivir personalmente este post…

    Foto: Flickr
  • 14abr

    Impresionante la panorámica de la ciudad alemana de Marburg.
    Según cuenta la página, se ha tardado 8 meses en hacerla, a partir de 5.000 fotos de 12,3 Megapíxel cada una, y un total de 53,8 GB de imágenes en formato RAW (que a los que nos gusta la fotografía sabemos cuánto ocupan).

    La foto (o mejor decir las fotos) está tomada desde un mirador cercano a la ciudad y merece la pena hacer zoom sobre cualquier parte de la foto para ver hasta dónde llega la resolución.

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  • 07abr

    ¿Quién dijo que las obras afean las ciudades? Paseando esta mañana me encuentro una valla protectora decorada con murales de colores, posiblemente pintado por niños -los adultos no tenemos tanta imaginación- . Simple, barato e imaginativo.

     

  • 05dic

    Una de mis estaciones de esquí favoritas es Brauneck, básicamente porque la tengo al lado de casa. No ofrece tanto kilómetros de pista como las enormes estaciones austriacas de Sankt Johann o Söll, pero la cercanía la hace adecuada para una escapada de medio día.

    Pues resulta que ayer sábado me dio por pasar el día por allí, aprovechando que se abría la temporada y a pesar del frío -unos 8 grados bajo cero- que ya se anunciaba. Eso sin duda desanimó a mucha gente,pues la estación no presentaba el lleno habitual, haciendo más agradable la estancia a los que fuimos al no tener que hacer colas interminables para acceder a los remontes.

    La estación solo tiene un pequeño problema: apenas hay rutas alternativas para descender desde la parte alta al valle. Una vez arriba, sólo una pista roja (de mediana dificultad) conduce de nuevo abajo. Esto no suele ser problema pues las pistas raramente se cortan al tráfico, salvo en días como el de ayer, que sucedió algo imprevisto.

    Y el imprevisto fue que un esquiador sufrió un accidente en mitad de dicha pista; nada muy serio pues el individuo estuvo en todo momento consciente, hasta donde yo alcanzaba a ver, desde lo alto de un telesilla; pero lo suficiente como para que un helicóptero sanitario del ADAC -los ángeles amarillos, les llaman, un mote muy merecido- hiciera su aparición en mitad de la estación. Se me venían a la cabeza los manuales de socorro de montaña que leía en mis años mozos de Sierra Nevada, viendo al socorrista desde tierra estirar los brazos hasta hacer una “Y” perfecta para señalar al helicóptero dónde poder aterrizar.

    La cuestión es que con precisión matemática, el piloto plantó su aparato en mitad de la pista que previamente había sido acordonada por el personal de la estación, para evitar accidentes, ya que el herido yacía en ese momento en una camilla en mitad de la nieve. Tras lo cual, descendieron médico y sanitarios y empezaron a procurar los primeros auxilios.

    Yo, que lo observaba desde una zona superior, me contaba entre los que aquella aventura nos había pillado en la mitad superior de la pista, y por tanto, el cordón sanitario y el helicóptero en mitad de la pista nos impedía volver al valle. Ya he comentado arriba que hacía algo de frío, por lo que -como muchos- una vez pasado el interés inicial y a vista de que aquello iba a durar para largo, me dispuse a buscar vías alternativas para llegar al valle.

    Y el problema es que no las había. Al final, tocó bajar con esquíes campo a través, atravesando bosques de abetos y matorrales, de los que si se te enganchan en las botas te vas al suelo fijo. Algunos de mis compañeros de infortunio no estaban acostumbrados a esquiar fuera de pista, y hacerlo por primera vez por pura obligación no era lo más adecuado. Más de uno estuvo a punto de ganarse un lugar en la camilla de helicóptero por méritos propios y algunos no dejaban de lanzar improperios al aire, lo que yo aprovechaba para -sin dejar de procurar no caerme- enriquecer mi conocimiento del idioma alemán. Al final, pudimos enlazar con la pista de descenso, dejando atrás el tramo cortado por el helicóptero. Desde allí hasta el valle, un camino de rosas.

    Aquí dejo un par de fotos donde se puede ver el sarao que se montó. Del descenso salvaje no tengo fotos, pues tenía otras cosas en la cabeza antes que sacar la cámara, pero valga como muestra el señor de azul que se ve en la primera foto, para hacerse una idea de cómo fue el tramo de marras.

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