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vivir en Alemania http://www.wikio.es
  • 02may

    Hace algo más de un año, cuando la crisis en España aún no había alcanzado los niveles de hoy día, pero ya se dejaba entrever el goteo de profesionales cualificados que dejaban España para buscar mejor oportunidades en el extranjero, escribí acerca de las posibles ventajas para la economía española de que sus jóvenes licenciados e ingenieros emigraran a otros países. La conclusión que quise exponer fue que, si bien el vaciar de profesionales cualificados el mercado laboral no ayuda en primera línea a la recuperación, sí que es cierto que el personal formado en el extranjero -los primeros años de la vida laboral son básicamente formación- y que luego regresa, aporta sangre nueva al sistema y redunda en más eficiencia y competitividad. Aprenden, en definitiva, otra forma de hacer las cosas.

    Hoy he leído una reflexión en la misma línea en este artículo de The Economist que me ha llegado a través de twitter (gracias Florian). El artículo -en inglés- viene a decir que los profesionales que emigran y logran evitar periodos prolongados de desempleo, mantienen vivos los conocimientos adquiridos, que de otra forma se irían desvaneciendo poco a poco. Lo que se denomina -en un contexto económico- histéresis: cuando el desempleo aumenta de forma desproporcionada, por ejemplo en una recesión, permanece durante mucho tiempo a modo de secuela un desempleo estructural muy difícil de eliminar, precisamente como efecto de esa pérdida de cualificación profesional que lleva asociada un largo tiempo en el paro.

    No veamos esta emigración como pérdida irreparable de competitividad, sino más bien como inversión a largo plazo.

     

  • 16ene

    “No comemos, no trabajamos” este es el lema que miles de alemanes han hecho suyo iniciando un huelga general para pedir que se les aumente el racionamiento de carne unos gramos más al mes. El detonante de la revuelta ha sido la reducción de la ración de carne que muchos obreros reciben hasta dejarla en 25 gramos al mes.

    Esta noticia que parece ficticia, es real. Sucedió en junio de 1948, apenas tres años después del fin de la segunda guerra mundial. Estas Navidades el diario malagueño El Sur con motivo de la celebración de su 75 años, expuso en la calle algunas de sus portadas de la época. Al pasar delante de esta en concreto, y viendo la noticia a la que me refiero, no puede dejar de hacerle un foto y dedicarle un post.

    Hoy día y precisamente en estos momentos de crisis donde Alemania parece ser -por ahora- el único país europeo de peso con una economía fuerte, donde todos los demás miramos con cierta envidia, no deja de resultar chocante una noticia como esta, de hace menos de setenta años, que nos muestra cómo lo pasaron los hombres y mujeres de la posguerra.

    Yo personalmente prefiero hacer la lectura en postivo, y destacar a dónde puede llegar un país cuando se dedica a hacer bien las cosas, ahorrar y trabajar duro. La generación de los obreros a los que hace referencia el artículo seguramente no vivió la prosperidad alemana. Si acaso, algunos la llegaron a disfrutar poco antes del final de sus días. Pero la herencia que dejaron a los que vinieron detrás es la Alemania que ahora conocemos todos.

  • 15nov

    ¿Te gustaría saber dónde y cómo se pescó el pescado que ves en el supermercado? parece que un empresa alemana lo ha conseguido: con un número de serie, cada pez se puede identificar hasta saber dónde mordió el anzuelo.

    En época de crisis se agudiza el ingenio. Esto es lo que le ha ocurrido a followfish, una empresa alemana de conservas que ha desarrollado un sistema mediante el cual, los consumidores pueden saber dónde se pescó el producto, incluso antes de adquirirlo, si se dispone de un móvil con conexión a internet.

    La idea en sí no es complicada: cada producto está etiquetado con un número de serie que el consumidor puede consultar a través de internet en una base de datos, y saber de esa forma qué está comprando. Lógicamente a un precio premium -, pero ese es el precio de la seguridad -y el margen del comerciante.

    Esto que a primera vista puede parecer un capricho 2.0 tiene su interés. Imaginemos que se produce un vertido de crudo en determinado caladero. ¿Quién no estaría interesado en saber si lo que se lleva a casa procede de allí? De cualquier manera, es un ejemplo inteligente de cómo competir mediante diferenciación en un mercado donde el precio es determinante. Y sobre todo en los tiempos que corren.

  • 23ago

    No deja de sorprenderme el revuelo que se ha formado por la propuesta de Alemania (oficialmente también de Francia) de incluir un límite al endeudamiento permitido a la hora de establecer los presupuestos de los estados europeos. Algo tan sencillo como que si uno gasta más de lo que ingresa, tarde o temprano se verá en dificultades, parece que no se termina de entender. Y eso pese a la que está cayendo en los mercados financieros.

    Si una persona se endeuda por encima de sus posibilidades, termina en la calle. Si un director general permite que su empresa acumule más pasivo del estrictamente necesario, puede perder su empleo e incluso sus accionistas lo pueden llevar ante el juez . Pero si un político gasta el dinero público a espuertas, lo más probable es que termine ganando la reelección.

    Los países, como las personas, tiene flaca la memoria. Y sólo los que de verdad han padecido los rigores de una crisis económica brutal, aprenden la lección. Alemania sufrió durante los años veinte del pasado siglo, una de las mayores inflaciones de la historia. Lo que se conoce como la Hiperinflación Alemana se produjo principalmente a partir de 1923, cuando debido a la cantidad de papel moneda que se imprimió para hacer frente a las reparaciones de la primera guerra mundial, el valor del marco se depreció con respecto al resto de las monedas de la época en caída libre. El dinero perdía su valor en cuestión de horas. En Berlín, las fábricas paraban su producción a medio día para que sus empleados pudiese ir al banco a sacar dinero y comprar artículos de primera necesidad, porque por la tarde, el valor se multiplicaba. El dinero perdía valor tan aprisa, que a menudo no daba tiempo a imprimir nuevos billetes y simplemente se estampaba el nuevo valor sobre los viejos. La foto que acompaña este artículo es de un billete de la época de un billón (un millón de millones) de marcos. Se encuentra en el museo de historia de Berlín. Si al final de su vida un marco alemán fue aproximadamente medio euro, podemos hacernos una idea de cuánto llego a caer la moneda de entonces.

    No hace falta recordar las consecuencias políticas que tuvo la hiperinflación: dejó tocada de muerte a la República de Weimar y fue el caldo de cultivo para la subida al poder del partido Nazi. Lo que siguió después, lo sabemos todos.

    En Europa no somos ricos en recursos naturales como en América, los días de las colonias se terminaron y el peso político de Europa en el mundo decrece. Sólo disponemos de la riqueza que podamos generar con nuestro trabajo y nuestra ventaja tecnológica, que no durará para siempre. En esa situación, endeudarse por encima del límite es un juego peligroso. Y perverso, porque las consecuencias a menudo las sufren los que menos culpa tuvieron: las generaciones que vienen detrás. Bienvenido el techo de gasto. Si es que al final viene, que está por ver.

    Algunos en España exigen que una reforma de este calado se someta a referéndum. Es legítimo, pero a veces los referendos los carga el diablo. Y hay demasiado en juego.

  • 12abr

    La semana pasada se confirmó lo que ya venía siendo un secreto a voces y que -según los expertos- el mercado había descontado hace tiempo: Portugal solicitaba ayuda a la Unión Europea para poder seguir financiándose a través del fondo de rescate europeo, como consecuencia de los niveles de interés insostenibles que venía pagando por su deuda soberana en las últimas semanas. Es decir, la UE tenía que rescatar a Portugal.

    Recuerdo la escueta noticia que oí en la radio: se presentó la cuestión del rescate como si básicamente el dinero del fondo de rescate saliese sólo y exclusivamente del bolsillo de los contribuyentes alemanes, generando -intencionadamente o no- un rechazo popular a lo que se considera pagar con dinero propio los excesos ajenos.

    El ciudadano de a pie, ni en Alemania ni en ningún otro sitio, no tiene un máster en economía, y por tanto, es difícil de valorar cuáles serían las consecuencias para los europeos de una eventual ruptura del euro. No estaría de más hacer un poco de pedagogía al respecto y explicar, por ejemplo, las ventajas que suponen para una potencia exportadora como Alemania, el poder acceder a un mercado potencial de quinientos millones de personas sin sufrir aranceles, por poner un ejemplo. Que los alemanes no están entusiasmados con el euro es evidente para los que vivimos aquí. Muchos añoran el marco, la moneda que identifican con el milagro alemán de la posguerra, y soportan el euro con cierta resignación. Un mal síntoma, el que al motor de Europa no le guste su propia gasolina.

    Por eso me ha parecido interesante el artículo que publicaba el diario Bild, según el cual, el 50% de los alemanes está a favor del rescate a Portugal. También refleja que el 20%  se siente “muy preocupado” por el futuro del euro, un 38% “preocupado”, un 32% “algo preocupado” y tan sólo un 11% que no se siente preocupado en absoluto.

    Lo que reflejan estos datos en mi opinión, es que poco a poco nos vamos dando cuenta que si el euro cae, todos tenemos mucho más que perder que que ganar. Y especialmente en Alemania, donde la crisis del 2008 ya es cosa del pasado y parece que la recuperación económica está definitivamente en marcha.

    foto: Flickr
  • 24oct

    Según publica hoy el diario alemán Der Spiegel, más de la mitad de las empresas del DAX (el equivalente al Ibex 35 español), restringen el acceso a las redes sociales en general y a FaceBook en particular- en horas de oficina. El argumento que se esgrime es uno que viene al pelo a tenor de las críticas que la red Facebook está recibiendo por parte de las agencias de protección de datos: evitar la filtración de información sensible de la compañía y el espionaje industrial. Algunas empresas, directamente reconocen que consideran un peligro potencial para la productividad el dejar que sus trabajadores tengan acceso a redes sociales, pues temen que pasen horas y horas en la red en vez de atender a sus quehaceres.

    Esto, sin dejar de ser totalmente legítimo -ya que la empresa es propietaria de su infraestructura de red y tiene derecho a decidir la política de uso que crea conveniente- me parece desacertado y preocupante por varios motivos: En primer lugar, estamos hablando de personal que pasa mucho tiempo delante de la pantalla de un ordenador y por tanto trabajadores cualificados que saben muy bien cuál es su obligación. Restringir el acceso a las redes sociales me parece una medida más apropiada para niños de colegio que para personas adultas con responsabilidades -sean pequeñas, medianas o grandes -en una empresa.

    Pero es que además, una de las grandes ventajas de las redes sociales puede ser perfectamente capitalizada por las empresas: Me refiero a la transmisión de conocimiento profesional. Los que manejamos un perfil el LinkedIn o Xing, estamos acostumbrados a ver cómo en los foros de los muchos grupos específicos que existen, se plantean cuestiones y se resuelven problemas que surgen en el día a día, ya sean de índole tećnico o administrativa o comercial, etc. Gracias a ese intercambio de conocimiento altruista entre profesionales, las empresas -sin saberlo- ahorran muchísimo dinero.

    Pero hay otro aspecto más importante que deja traslucir esta medida, y es por ello por lo que antes he usado el calificativo de preocupante: Una medida de este tipo pone de manifiesto una pésima política de recursos humanos, pues se valora la productividad en función de la horas que se pasen delante de un ordenador, en vez de fijarse en resultados tangibles que se deriven de lo que las personas realicen delante de esos ordenadores. Pero lo realmente pernicioso del sistema es que realmente puede afectar de forma muy negativa a la productividad de las personas: Si la métrica que se utiliza para determinar si nuestros empelados sos productivos pasa por cuantificar las horas pasadas sentado delante de una pantalla, es a eso a lo que se tenderá. Se considerará más productivo a aquel que realice maratonianas jornadas en su mesa de trabajo independientemente de la calidad del mismo, y se tendrá por persona poco comprometida con sus empresa a aquella que por ser más eficiente en su trabajo pueda coger la maleta e irse a casa a las cinco, aún que haya cumplido perfectamente con su trabajo del día. Las métricas para medir la productividad no miden de forma digamos “aséptica” el comportamiento de la gente, sino que influyen sobre las personas, que tienden a actuar de una determinada forma bien para conseguir premios, bien para evitar castigos.

    La solución a mi juicio no pasa por ofrecer herramientas de trabajo castradas y tratar de poner puertas al campo -quién no tiene hoy día un móvil con tarifa plana de datos y acceso a internet?- sino por establecer una cultura basada en los resultados y la responsabilidad personal y no en las horas que se pasan en la oficina.

    Foto: eDans

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  • 27sep

    Para que luego digan que los suizos no tienen sentido del humor. Aquí sin ir más lejos, el ministro de finanzas suizo, Hans-Rudolf Merz, se parte de risa delante del parlamento, en medio de su discurso. Está claro que con la que está cayendo, debe ser el ministro de economía que goza de mejor humor de todo el continente. Seguro que sus colegas europeos no tienen tantas ganas de reirse :-)


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  • 25sep

    Hace unas semanas conocíamos que la principal economía de la eurozona, Alemania, no sólo parece que ha dejado atrás definitivamente recesión sino que empieza a crecer a un ritmo notable, con cifras que hace tan sólo unos meses ni los más optimistas se atrevían a vaticinar: según los últimos datos, el PIB alemán creció un 2.2% en el tercer trimestre del año.

    Esta demostración de solidez de la economía germana, unida a las halagüeñas perspectivas empresariales que ha mostrado recientemente el índice IFO de confianza empresarial en Alemania, hace pensar que el motor económico de la eurozona se dirige a velocidad de crucero hacia la salida definitiva de esta crisis económica, en la que llevamos ya más de dos años inmersos.

    Y como los mejores jueces –o al menos los más imparciales- en estos casos son los mercados -especialmente los financieros- no hay más que recordar cómo se está cotizando la deuda soberana alemana, que en estos casos -con permiso del oro- es el activo refugio por excelencia: Desde la primavera pasada, el spread (es decir, la diferencia entre el interés) que se paga entre el bono alemán y el de otros países europeos menos opulentos, no hace más que aumentar. Esto significa a efectos prácticos, que Alemania no tiene problemas para financiarse en los mercados de deuda mientras que a España cada vez le exigen mayor interés para prestarle dinero. Y llegados a este punto, ya podemos dejar de considerar todo lo anterior como buenas noticias para la economía española.

    Se ha venido repitiendo una y otra vez que el despegue de  Alemania sacaría al resto la eurozona de la crisis, como un bulldozer saca un seat panda de un banco de arena. Esto no tiene por qué ser necesariamente así: Desde hace ya más de un año, el Banco Central Europeo (BCE) lleva aplicando unos tipos de interés anormalmente reducidos para facilitar el acceso a la financiación de empresas y familias; esta barra libre de euros no va a durar para siempre por los problemas de inflación que pueden ocasionar a medio plazo; y no olvidemos que si hay algo a lo que Alemania -por cuestiones históricas- tiene pavor, es a la inflación. Si las previsiones se cumplen y el próximo presidente del BCE es el actual presidente del Bundesbank, Axel Weber, podemos estar seguros que una de sus prioridades será mantener alejado el fantasma de la inflación a base de elevar progresivamente los tipos de interés. Una política coherente con las necesidades de aquellos países que, como Alemania, se encuentren ya afianzados en la senda del crecimiento, pero por el contrario sería letal para otros, -como es el caso de España- en los que la recuperación aún no se deja ver y son por tanto muy dependientes del dinero barato que mantiene el BCE.

    Por todo esto, porque se está perfilando claramente una Europa de dos velocidades a la hora de remontar la crisis, porque dentro de poco más de un año la política monetaria –básicamente en lo que se refiere al precio del dinero- que necesiten España y Alemania será diametralmente opuesta, y porque desde hace ya demasiado tiempo en Europa predominan los intereses nacionales por encima de los europeos, no puedo dejar de ver con cierta preocupación el arranque de la locomotora alemana…que nos viene de frente.

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  • 04ago

    Alemania se está replanteando su política exterior con América Latina. Según leo en Deutsche Welle, el ministro exterior alemán y vicecanciller, Guido Westerwelle, del partido liberal (FDP) declaró ante embajadores de diversos países de la región que Alemania ha de recuperar el papel que antaño jugó como principal socio comercial de muchos países latinoamericanos.

    No es de extrañar este giro en la diplomacia alemana, pues los pronósticos de crecimiento del mercado Europeo, que es donde se dirigen principalmente las exportaciones alemanas, no son muy alentadores por culpa de la crisis económica del 2008 y los altos niveles de endeudamiento en los que tuvieron que incurrir muchos países europeos para mantener a flote -al menos de momento- sus respectivas economías. Este elevado nivel de deuda hace que Europa no sea un mercado especialmente atractivo para uno de los mayores exportadores de bienes de equipo como es Alemania.

    Latinoamérica tiene una crecimiento económico previsto de alrededor del 5% para los próximos años, muy superior al magro 1% que se prevé en Europa, por lo que la maniobra de la diplomacia alemana es bastante lógica, tratando de establecer un marco político-comercial adecuado para que las empresas germanas puedan llevar sus productos a la región.

    Lo que ocurre es que abrir nuevos mercados es una labor de años, y no basta con tener los productos listos para su comercialización, sino que hay que construir una buena red de distribución y contactos, bien con socios locales o con recursos propios. El Gobierno Alemán está haciendo su parte, luego la empresas han de hacer la suya.

    El tiempo dirá si Alemania logra asentarse en un mercado tradicionalmente liderado por empresas españolas (Telefónica y Santander, como paradigma) y en menor medida por las estadounidenses, lo que sí espero es que -al igual que está haciendo China desde hace ya un tiempo- los gobiernos de la zona no sólo procuren la entrada de productos de Europa, sino también de tecnología y know-how que permita con el tiempo contribuir al desarrollo tecnológico de América Latina.

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  • 27jul

    Para todos aquellos que estén interesados, en sozialleistungen.info pueden encontrar información -en alemán- sobre las ayudas sociales que ofrece el Estado en materia de desempleo, asesoramiento legal, cursos de reciclaje, ayudas a la famila (Kindergeld y Elterngel), etc.

    La web está bastante completa e incluso tienen presencia en Facebook. También ofrece la posibilidad de suscribirse al boletín por correo electrónico.

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