Hace algo más de un año, cuando la crisis en España aún no había alcanzado los niveles de hoy día, pero ya se dejaba entrever el goteo de profesionales cualificados que dejaban España para buscar mejor oportunidades en el extranjero, escribí acerca de las posibles ventajas para la economía española de que sus jóvenes licenciados e ingenieros emigraran a otros países. La conclusión que quise exponer fue que, si bien el vaciar de profesionales cualificados el mercado laboral no ayuda en primera línea a la recuperación, sí que es cierto que el personal formado en el extranjero -los primeros años de la vida laboral son básicamente formación- y que luego regresa, aporta sangre nueva al sistema y redunda en más eficiencia y competitividad. Aprenden, en definitiva, otra forma de hacer las cosas.
Hoy he leído una reflexión en la misma línea en este artículo de The Economist que me ha llegado a través de twitter (gracias Florian). El artículo -en inglés- viene a decir que los profesionales que emigran y logran evitar periodos prolongados de desempleo, mantienen vivos los conocimientos adquiridos, que de otra forma se irían desvaneciendo poco a poco. Lo que se denomina -en un contexto económico- histéresis: cuando el desempleo aumenta de forma desproporcionada, por ejemplo en una recesión, permanece durante mucho tiempo a modo de secuela un desempleo estructural muy difícil de eliminar, precisamente como efecto de esa pérdida de cualificación profesional que lleva asociada un largo tiempo en el paro.
No veamos esta emigración como pérdida irreparable de competitividad, sino más bien como inversión a largo plazo.
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