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  • 25sep

    Hace unas semanas conocíamos que la principal economía de la eurozona, Alemania, no sólo parece que ha dejado atrás definitivamente recesión sino que empieza a crecer a un ritmo notable, con cifras que hace tan sólo unos meses ni los más optimistas se atrevían a vaticinar: según los últimos datos, el PIB alemán creció un 2.2% en el tercer trimestre del año.

    Esta demostración de solidez de la economía germana, unida a las halagüeñas perspectivas empresariales que ha mostrado recientemente el índice IFO de confianza empresarial en Alemania, hace pensar que el motor económico de la eurozona se dirige a velocidad de crucero hacia la salida definitiva de esta crisis económica, en la que llevamos ya más de dos años inmersos.

    Y como los mejores jueces –o al menos los más imparciales- en estos casos son los mercados -especialmente los financieros- no hay más que recordar cómo se está cotizando la deuda soberana alemana, que en estos casos -con permiso del oro- es el activo refugio por excelencia: Desde la primavera pasada, el spread (es decir, la diferencia entre el interés) que se paga entre el bono alemán y el de otros países europeos menos opulentos, no hace más que aumentar. Esto significa a efectos prácticos, que Alemania no tiene problemas para financiarse en los mercados de deuda mientras que a España cada vez le exigen mayor interés para prestarle dinero. Y llegados a este punto, ya podemos dejar de considerar todo lo anterior como buenas noticias para la economía española.

    Se ha venido repitiendo una y otra vez que el despegue de  Alemania sacaría al resto la eurozona de la crisis, como un bulldozer saca un seat panda de un banco de arena. Esto no tiene por qué ser necesariamente así: Desde hace ya más de un año, el Banco Central Europeo (BCE) lleva aplicando unos tipos de interés anormalmente reducidos para facilitar el acceso a la financiación de empresas y familias; esta barra libre de euros no va a durar para siempre por los problemas de inflación que pueden ocasionar a medio plazo; y no olvidemos que si hay algo a lo que Alemania -por cuestiones históricas- tiene pavor, es a la inflación. Si las previsiones se cumplen y el próximo presidente del BCE es el actual presidente del Bundesbank, Axel Weber, podemos estar seguros que una de sus prioridades será mantener alejado el fantasma de la inflación a base de elevar progresivamente los tipos de interés. Una política coherente con las necesidades de aquellos países que, como Alemania, se encuentren ya afianzados en la senda del crecimiento, pero por el contrario sería letal para otros, -como es el caso de España- en los que la recuperación aún no se deja ver y son por tanto muy dependientes del dinero barato que mantiene el BCE.

    Por todo esto, porque se está perfilando claramente una Europa de dos velocidades a la hora de remontar la crisis, porque dentro de poco más de un año la política monetaria –básicamente en lo que se refiere al precio del dinero- que necesiten España y Alemania será diametralmente opuesta, y porque desde hace ya demasiado tiempo en Europa predominan los intereses nacionales por encima de los europeos, no puedo dejar de ver con cierta preocupación el arranque de la locomotora alemana…que nos viene de frente.

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  • 29may

    Se puede decir más alto, pero no más claro. Ante políticos que hablan claro y realmente dicen lo que piensan y le dictan sus convicciones, me quito el sombrero. Si bien es cierto que el Sr. Fischer, referente de Los Verdes alemanes,  ya está en un segundo plano político, después de liderar un Gobierno de centro Izquierdajunto con el ex canciller Gehart Schröder, líder de los Social Demócratas alemanes, sus opiniones tienen un eco especialmente importante en los medios.

    En esta interesante entrevista (en inglés), se muestra muy crítico con el papel que está jugando Alemania en esta crisis y la falta -a su juicio- de liderazgo del actual ejecutivo. Independientemente de si se está de acuerdo o no en sus planteamientos, creo que una cosa está clara: sin unión política no puede haber solidaridad, y sin solidaridad no puede subsistir la Unión Europea. El Euro ya ha dejado de ser un club de ricos donde por el mero hecho de acceder, queda uno inmunizado contra crisis económicas o de cualquier tipo. Eurolandia era un parque de atracciones que nos han cerrado. Para siempre.

    El modo de que el sueño europeo no salte en mil pedazos, el único modo, es a través de la solidaridad entre países miembros. Ser solidario no implica dar un cheque en blanco,pero  mucho menos prestar ayuda tarde y a regañadientes. Pensemos con horizontes temporales más amplios. La historia nos enseña que los necesitados de hoy pueden ser nuestros salvadores mañana.

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  • 25nov

    photo_9008_20091023Nunca llueve a gusto de todos, y que por cada economista que dice blanco hay otro que dice negro no es ninguna novedad. Especialmente en temas tan doctrinales como política fiscal, donde las tesis liberales y las-digamos- keynesianas, chocan frontalmente.

    En un tema tan controvertido y de tanta trascendencia como la rebaja fiscal que planea llevar a cabo la recién estrenada coalición CDU-FDP en Alemania, no podía ser menos. Un grupo de cinco expertos denominados los “cinco sabios” han tachado la política fiscal del nuevo gobierno de “poco seria”, al anunciar rebajas fiscales pero no aclarar cómo piensan financiar la enorme deuda en la que se está incurriendo para atajar la crisis.

    Según estos economistas, el estado debería fijar la prioridad en reducir costes más que en reducir sus ingresos mediante rebajas fiscales, pues según sus estimaciones, Alemania crecerá un 1,6% en 2010, una tasa a todas luces insuficiente para que una rebaja fiscal pueda tener efectos positivos en las arcas públicas.

    El Gobierno ha anunciado reducciones de impuestos por un total de 8.500 millones de euros, a partir de enero del 2010, como resultado de las negociaciones entre CDU y FDP para formar gobierno. La Canciller Angela Merkel ha defendido la iniciativa afirmando que el plan es sostenible.

    El grupo de expertos también ha criticado los planes para la reforma del impuesto sobre la renta que está previsto para el 2011, y con el que se pretende aliviar la presión fiscal a las rentas medias. Consideran que la medida le va a costar al estado 26 mil millones de euros, algo a lo que a su juicio la economía alemana no puede hacer frente.

    Personalmente, parece una discusión sobre en qué punto de la curva de Laffer nos encontramos, agravada por la delicada coyuntura económica actual a nivel mundial, que no permite errores. Lo que sí parece cierto es que el gobierno va a seguir adelante con sus planes de rebajas fiscales para alegría de los que aquí vivimos, en el corto plazo. Espero que no lo lamentemos en el largo. Aunque como decía Keynes: “a largo plazo todos muertos”.

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  • 20nov

    empleo_d1fc5f69a9La OCDE ha corregido al alza su previsión de crecimiento para Alemania, dejándola en el 1,6%, lo que hace tan sólo seis meses era impensable. Y es que Alemania es un país exportador, y por tanto muy dependiente de la demanda de su principal socio comercial USA, que poco a poco también está dejando atrás lo peor de la crisis.

    Otra gran economía que también está tirando del carro es China, que introdujo en su momento un fuerte paquete de medidas para estimular la demanda interna y además, todo hay que decirlo, apenas se ha visto perjudicada por la recesión mundial.

    Por tanto, con dos países como China y USA apretando otra vez el acelerador del crecimiento no es de extrañar que la economía germana se esté frotando las manos.

    Sin embargo, un crecimiento del 1,6% no basta para frenar el desempleo alemán. Según la OCDE Alemania no empezará a crear empleo hasta mediados del 2011, cuando se espera un crecimiento del 1,8%. El desempleo previsto para 2010 se sitúa en el 9,2%, y se prevé que alcance el 9,7% antes de empezar a remitir.

    Alemania dejó atrás la recesión oficialmente este verano, pero hasta que las buenas nuevas se hagan notar en la economía real aún habrá que esperar.

    foto: Flickr

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  • 12nov
    Mucho se está hablando en los últimos días sobre la conveniencia o no de adoptar en España el modelo alemán de reducción de jornada (Kurtzarbeit, KA en adelante) para poder hacer frente a la ola de despidos que estamos viviendo desde que empezó la crisis, hace ya más de un año.
    Bien es cierto que desde hace ya tiempo prestigiosos economistas y voces autorizadas coinciden en la necesidad de una reforma estructural del mercado laboral que permita aumentar nuestra maltrecha competititividad, especialmente en un contexto como el actual, donde España, al formar parte del selecto grupo del la Eurozona no dispone como antaño de la posibilidad de recurrir a devaluaciones de la divisa nacional para hacer frente al desequilibro de nuestra balanza comercial, es decir, que desde hace ya demasiado tiempo importamos más bienes y servicios de los que exportamos, con el consiguiente aumento de déficit, pues para eso el Estado tiene que pedir dinero prestado, es decir, endeudarse.
    Por si fuese poco, el aumento del desempleo originado no ya sólo por la crisis económica internacional, sino también por la crisis inmobiliaria nacional, ha venido a lastrar todavía más el maltrecho erario, haciendo que la recuperación económica en España se ralentice en comparación con países de nuestro entorno. Esto nos puede llevar a una situación muy difícil a medio plazo, cuando la mayoría de los países de la Unión Europea hayan logrado reducir su déficit por debajo del 3% como exige el pacto de estabilidad, y España no. Por ahora parece que hay bula para endeudarse como medio para contrarrestar los efectos de la crisis, pero a Bruselas poco a poco se le está acabando la paciencia.
    En esta situación parece que establecer una jornada de trabajo reducida puede aliviar a algunas empresas y evitar que se vean obligadas a reducir plantilla drásticamente. La idea sería que una parte de los trabajadores redujeses su jornada laboral para adecuarla a una menor carga de trabajo con la consiguiente disminución de salario, y en contrapartida, evitarían engrosar las listas del paro durante no se sabe bien cuánto tiempo. Adicionalmente, se está planteando que aquellas personas afectadas por esta medida puedan seguir cobrando el desempleo.
    Dejando a un lado por el momento el tema del desempleo, que entiendo aún no hay nada concretado y desde luego es bastante polémico –si trabajo menos pero al final cobro lo mismo, ¿dónde hay que apuntarse?- hay una serie de aspectos sobre cómo se aplica el KA en Alemania que son importante.
    En primer lugar, se trata de una medida excepcional, en principio limitada solamente a seis meses, aunque en la actual coyuntura el Gobierno Alemán ha ampliado el periodo hasta un máximo de dos años.
    Esto quiere decir que se trata claramente una medida coyuntural, de apoyo y temporal, para ofrecer un balón de oxígeno a las empresas viables que estén pasando por dificultades temporales y con un horizonte de recuperación claro. En ningún caso se debe considerar el KA como un medio para prolongar artificialmente la vida de empresas que están avocadas a desaparecer.
    Tampoco se trata de una de las necesarias reformas estructurales de las que tanto se hablaba últimamente
    Links: http://www.gesetze-im-internet.de/sgb_3/__177.html

    tiemposmodernos_d6ceed704b

    Mucho se está hablando en los últimos días sobre la conveniencia o no de adoptar en España el modelo alemán de reducción de jornada (Kurzarbeit, KA en adelante) para poder hacer frente a la ola de despidos que estamos viviendo desde que empezó la crisis, hace ya más de un año.

    Bien es cierto que desde hace ya tiempo prestigiosos economistas y voces autorizadas coinciden en la necesidad de una reforma estructural del mercado laboral que permita aumentar nuestra maltrecha competititividad, especialmente en un contexto como el actual, donde España, al formar parte del selecto grupo del la Eurozona no dispone como antaño de la posibilidad de recurrir a devaluaciones de la divisa nacional para hacer frente al desequilibro de nuestra balanza comercial, es decir, que desde hace ya demasiado tiempo importamos más bienes y servicios de los que exportamos, con el consiguiente aumento de déficit, pues para eso el Estado tiene que pedir dinero prestado, es decir, endeudarse.

    Por si fuese poco, el aumento del desempleo originado no ya sólo por la crisis económica internacional, sino también por la crisis inmobiliaria nacional, ha venido a lastrar todavía más el maltrecho erario público, haciendo que la recuperación económica en España se ralentice en comparación con países de nuestro entorno. Esto nos puede llevar a una situación muy difícil a medio plazo, cuando la mayoría de los países de la Unión Europea hayan logrado reducir su déficit por debajo del 3% como exige el pacto de estabilidad, y España no. Por ahora parece que hay bula para endeudarse como medio para contrarrestar los efectos de la crisis, pero a Bruselas poco a poco se le está acabando la paciencia.

    En esta situación parece que establecer una jornada de trabajo reducida puede aliviar a algunas empresas y evitar que se vean obligadas a reducir plantilla drásticamente. La idea sería que una parte de los trabajadores redujeses su jornada laboral para adecuarla a una menor carga de trabajo con la consiguiente disminución de salario, y en contrapartida, evitarían engrosar las listas del paro durante no se sabe bien cuánto tiempo. Adicionalmente, se está planteando que aquellas personas afectadas por esta medida puedan seguir cobrando el desempleo.

    Dejando a un lado por el momento el tema del desempleo, que entiendo aún no hay nada concretado y desde luego es bastante polémico –si trabajo menos pero al final cobro lo mismo, ¿dónde hay que apuntarse?- hay una serie de aspectos sobre cómo se aplica el KA en Alemania que son importantes.

    En primer lugar, se trata de una medida coyuntural, para ofrecer un balón de oxígeno a las empresas viables que estén pasando por dificultades temporales y con un horizonte de recuperación claro. En ningún caso se debe considerar el KA como un medio para prolongar artificialmente la vida de empresas que están avocadas a desaparecer o que necesiten replantearse seriamente su modelo de negocio.

    No es aplicable ni a todas la empresas ni a todos los trabajadores. Sólo aquellos en puestos en los que sea posible facturar por horas -normalmente los de menor cualificación- una reducción de la jornada implica ahorro de costes para la empresas.

    Pero sobre todo, no se trata de una de las necesarias reformas estructurales de las que tanto se hablaba últimamente y no debe desviar la atención del debate sobre el problema principal: El cambio de nuestro modelo productivo para ganar competitividad en un mundo cada vez más globalizado donde la competencia cada día es mayor. El KA es en el mejor de los casos una solución a corto plazo para determinadas empresas que se encuentren una coyuntura determinada y no la solución definitiva a los problemas del mercado laboral español.

    Foto:Flickr

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  • 09nov

    soldador_06112009

    Mientras el desempleo y las reestructuraciones de personal se ceban en algunos segmentos del mercado laboral, en Alemania este año 10.000 plazas de prácticas para aprendices  se han quedado desiertas por falta de candidatos.

    Según la Asociación Alemana de Artesanos (Zentralverbandes des Deutschen Handwerks, ZHD ), que representa a los profesionales con titulación no universitaria- lo que en España equivaldría a formación profesional-   el número de contratos de prácticas de este año 2009 será un 5% menor al del año anterior, consolidando una tendencia a la baja que, según estiman esas mismas fuentes, seguirá el próximo año.

    Resulta cuanto menos paradójico que en épocas de crisis como la actual, mientras por un lado aumenta considerablemente el número de titulados universitarios que optan por retomar los libros e invertir tiempo y dinero en mejorar su formación mediante cursos de postgrado, máster, especializaciones y demás, para si no esquivar la guadaña del ajuste de plantilla, sí al menos tener llegado el caso mejores condiciones de partida para optar a un hipotético futuro empleo, en el campo de la formación profesional faltan alumnos para las cubrir las plazas que hay.

    Esto quiere decir que conforme avance el tiempo, si la situación no se corrige, habrá cada vez menos mecánicos, carpinteros, fresadores, soldadores, fontaneros, electricistas, etc. para cubrir la demanda, haciendo de estos profesionales no ya un colectivo sin expectativas de ir al paro, sino con muy buenas expectativas profesionales y  salariales.

    Se me viene a la cabeza el viejo chiste del abogado que tras sufrir un problema en su casa con las tuberías llama a un fontanero, y al cabo de una hora cuando éste le pasa una factura de 120 euros se queja: “Pero si yo soy abogado y cobro la hora a 60 euros!”, a lo que el fontanero responde “sí, eso es lo que yo ganaba cuando trabajaba de abogado”.

    foto: Flickr

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