Hace unas semanas, antes de la vacaciones de Navidad, me acerqué por primera vez al Sealife de Múnich, en pleno centro olímpico.No soy mucho de acuarios ni zoológicos, y no es que tenga nada en contra, sino que simplemente no me llaman la atención. Sin embargo, aquí en invierno, cuando las temperaturas bajan a valores negativos, no hay quien pare en la calle, y la verdad es que quedarse en casa el fin de semana no es plan. Y menos toda la familia. Así que nos pusimos en marcha al Sealife, por ver qué tal estaba y para pasar el rato.
La verdad es que me sorprendió gratamente. El ambiente estaba muy conseguido, todo decorado con motivos marinos, y la visita que te montan no sólo tiene la gracia de ver pececitos, sino que le dan un aire ecologista que la verdad, me gustó. Repecto a la fauna, hay de casi todo. Desde tiburones a tortugas marinas, pasando por mariscos, morenas, rayas, y hasta caballitos de mar. Además tienen ciertas horas al día en los que los buceadores se meten en el tanque de los tiburones a darles de comer. Supongo que cobrarán plus de peligrosidad.
Los precios no son caros pero a poco que vayas más veces te compensa comprarte el abono anual (que creo recordar costaba como dos entradas). Lo bueno es que si la visita te gustó, esa misma entrada te sirve para, pagando la diferencia, comprar el bono.Y por si fuese poco, tienen aparcamiento muy cerca (esos sí, también de pago).
En fin, muy recomendable para los que no sepan que hacer el finde y estén por la zona. Y para los que tienen niños, es casi obligatorio acudir.
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