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vivir en Alemania http://www.wikio.es
  • 29may

    Hace unas semanas estuve de visita en el antiguo campo de concentración de Dachau, que ahora está habilitado como museo en la localidad del mismo nombre, un pueblo bávaro a pocos kilómetros de Múnich. Rodeado de bosque y con un centro histórico medieval fantástico.

    Aunque vivo por la zona desde hace ya muchos años y tenía ganas de visitarlo desde hace tiempo, siempre por algún motivo o por otro no había encontrado en momento de hacerlo. Hasta ahora. Cámara en mano de fui hasta Dachau para ver uno de los campos de concentración nazis más emblemáticos del Tercer Reich.

    El antiguo campo -ahora museo- está abierto prácticamente a diario. La entrada es obviamente gratuita -se han guardado bien de no hacer dinero con este tema, ni siquiera para costear su mantenimiento- y aunque lógicamente el visitante no puede abstraerse de lo que allí sucedió, hay que reconocer que no hay detalles morbosos durante la visita. Un patio central donde sólo quedan dos barracones como muestra, y un edificio administrativo adyacente habilitado como centro de interpretación donde hay abundante material gráfico de los horrores cometidos, evitando -en la medida de lo posible- traumatizar al visitante. Vi gente llorando allí. Y es que ese tipo de fotos, las presentes como las presentes, siguen siendo ese tipo de fotos.

    Por lo demás, me gustó mucho una escultura que reproduce una fila de prisioneros, con la mirada perdida, conducidos en fila de a dos (ver foto arriba). El artista ha sabido captar muy bien la esencia del mensaje. Nada más cruzar por la puerta, ya eran fantasmas. Era curioso, pero me pareció que desde cualquier ángulo en que la mirase siempre encontraba la mirada de alguien de la fila fija en mi. Como pidiendo ayuda. La sensación de impotencia que transmite la obra es abrumadora. Es lo que traté de captar -en la medida de mis posibilidades- en la fotografía.

    Al final de la visita reparé en una placa que hay junto a una de las entradas. En ella se recuerda a las tropas norteamericanas que en 1945 liberaron el campo y pusieron fin a la barbarie.  Doce años estuvo en funcionamiento esa fábrica de muertos. Si bien Dachau no fue un campo tan letal como otros posteriores -murió uno de cada cinco prisioneros, si mal no recuerdo- tiene el dudoso honor de haber sido el modelo y precursor de otros como Auschwitz, que pusieron el listón de la barbarie realmente alto.

    El campo – museo sin duda merece una visita. Es de agradecer que se haya mantenido hasta ahora para recordarnos lo que puede llegar a pasar cuando las personas dejan a un lado su conciencia y sucumben a la locura colectiva.

    Las fotos de la visita se pueden ver en mi cuenta de Flickr.

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  • 13feb

    Estas Navidades pasadas cayó en mis manos un libro interesante sobre uno de los capítulos más tratados de la historia de Alemania: El Nazismo.  Precisamente por ser un tema para mí ya un poco manido y andar con prisas -como todo el mundo en la tienda- tendría que haberlo dejado estar en el estante, pero un rápido vistazo a la contraportada, un gesto ya casi reflejo- me hizo echarlo a la bolsa. Y no me arrepentí.

    El libro es una novela inacabada que su autor nunca llegó a publicar. La redactó con 30 años y se publicó en el año 2000, poco después de su muerte. En él Haffner relata sus  años de juventud como un Berlinés de familia acomodada, hijo de un funcionario del Imperio Alemán que pronto se decidió a estudiar derecho e ingresar en el cuerpo de magistrados. Una historia que dibuja una sociedad moderna que va cicatrizando poco a poco las heridas de la Gran Guerra.

    Sin embargo, el aspecto más interesante de la novela y lo que la hace en mi opinión una pieza única es la descripción que hace el autor, desde primera persona, del proceso de alienación más o menos voluntario de la sociedad alemana de la época y la expansión del nazismo por todos los ámbitos de la vida cotidiana. El último tercio del libro, en el que a través de su día a día -a veces al lector le da la sensación de estar leyendo un diario personal- relata cómo los partidarios de Hitler pasan de ser una minoría molesta pero tolerada a una auténtica fuerza de intimidación. Describe con la solvencia del que lo vivió el incendio del Reichstag, pero también otros hechos menos conocidos, como la expulsión de los magistrados de origen judío del Tribunal Supremo o un boicot ordenado por los nazis para no consumir en comercios judíos. Relata cómo algunos de sus colegas juristas toleraban en mayor o menor medida esos ultrajes e incluso -ya con Hitler en el poder- se vio obligado a asistir a un campamento militar como requisito previo para obtener el título de juez. Como anotación curiosa, el autor habla de lo que denomina ” trampa de la camaradería” es decir, la complicidad que se establece entre personas que mantienen una convivencia estrecha y prolongada -como soldados en un cuartel- que hace que el sentimiento de pertenencia al grupo, a la manada, anestesie la capacidad crítica del individuo y su libertad de decidir.

    A lo largo del relato, Haffner, un hombre con una gran preparación intelectual y una mente de jurista, va dándose cuenta que el aire es cada vez más irrespirable entre una sociedad que va perdiendo su libertad y dignidad a pasos agigantados. El propio Haffner emigraría poco después a Inglaterra, mucho antes del estallido de la guerra.

    El libro pretende ser más una autobiografía que una crónica anti nazi, quizá por eso dos terceras partes del mismo se centran exclusivamente en la vida personal del autor en las décadas posteriores a la primera guerra mundial. Además, termina bruscamente, como novela inacabada que es; No olvidemos que el autor nunca decidió publicarlo. Ya he comentado que a veces me dio la sensación de estar leyendo furtivamente el diario personal de alguien, sin su consentimiento.

    De cualquier forma, lo que lo hace interesante en mi opinión es cómo describe los primeros movimientos del incipiente nazismo, de una forma, en la que si bien el autor no deja lugar a dudas de su rechazo total a ese movimiento -en un relato coherente con su trayectoria vital durante esos años y posteriores- peca de cierta inocencia propia de alguien que en 1933 desconoce los terribles acontecimiento que iban a suceder pocos años después. Es por tanto un libro que describe el auge del nazismo, pero sin la perspectiva histórica que tienen los autores que han vivido la Segunda Guerra Mundial, y por tanto, libre de condicionantes más allá de los puramente ideológicos: Haffner ataca al totalitarismo por su vocación coercitiva para con el individuo, pone el acento en su misma esencia. No como el origen de los horrores de un guerra que ya todos conocemos. Es la lucha de un hombre que ha de elegir entre su conciencia y todo lo demás.

    En definitiva, un pequeño relato muy recomendable para los que estén interesados saber de un periodo tan crucial de la Europa reciente, contado desde una perspectiva diferente.

    Datos del libro:
    ISBN: 978-84-233-3804-7
    EAN: 9788423338047

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  • 22nov

    Banquillo de los acusados durante el proceso

    Para los que aún no hayan visitado la ciudad bávara de Nürnberg -especialmente recomendable en invierno con sus mercados de navidad- ahora tienen otro aliciente: En la famosa sala 600, que acogió el famoso proceso contra la cúpula del nazismo en 1945, se instalará una exposición permanente sobre los juicios, que supusieron un antes y un después en la justicia internacional.

    Y es que en dicho proceso se sentaron las bases de lo que luego sería el Tribunal Penal Internacional, y donde se empezó a hablar de crímenes Contra la Humanidad o Genocidio, conceptos que, aunque desgraciadamente ya familiares a estas alturas de la Historia, desde el punto de vista del ordenamiento jurídico eran totalmente desconocidos o muy ambiguos en el mejor de los casos, en aquella época. La importancia de los juicios no sólo reside en lo que pudo significar como reparación a los supervivientes de la barbarie Nazi, sino en lo que supuso para el avance de la justicia universal.

    Hace pocos años tuve la oportunidad de ver algunas sesiones del Juicio de Nürnberg que emitió la televisión  alemana con motivo de su sesenta aniversario. Y recuerdo cómo me impactó poder oír de primera mano a los principales acusados durante el alegato final; pocos mostraron arrepentimiento, la mayoría se escudaba en el manido argumento de la obediencia debida. E incluso hubo uno -creo que fue Rudolf Hess- que dijo haber actuado por amor y lealtad a Alemania, haciendo bueno el dicho de que hay amores que matan.

    Eso sí,  los interesados tendrán que informarse bien sobre la posibilidad de visitas, pues la sala 600 sigue estando operativa por ahora y obviamente sólo es visitable cuando no se juzgando allí. Esperemos que en un futuro las autoridades prescindan de darle uso y la destinen a museo a tiempo completo. El simbolismo que tiene bien lo merece.

    Foto: Wikipedia

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