Si para el amor no hay edad, parece que para delinquir tampoco. Y es que visto lo visto, no se puede negar que algunas señoras, pese a lo avanzado de su edad, están en plena forma en lo que a dedicación al hampa se refiere.
Si hace apenas unas semanas contaba el acaso de una anciana berlinesa de setenta años encarcelada por realizar hurtos desde hace más de medio siglo, la noticia que leo hoy en expática deja esa hazaña a la altura del betún: En Berlín, una anciana de 81 años ha sido sentenciada a 5 de prisión por tráfico de heroína. La “abuela de la droga” como se la conocía en el mundillo, ha admitido que vendió 8 bolsas de 50 gramos de droga, por lo que el tribunal la declaró culpable.
Lo curioso del tema es que la señora ha tenido que escuchar la sentencia en silla de ruedas desde el hospital donde estaba ingresada por problemas de corazón.
Para que luego digan que con sesenta y cinco ya estamos para jubilarnos. Y es que la veteranía es un gramo. Perdón, un grado.
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